lunes, 18 de mayo de 2009

Lo siento, Mario: no te dejo morirte



Ella tenía dieciséis años, un corrector dental de alambre invisible y un uniforme azul marino de Las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Yo acababa de cumplir catorce, no usaba peine jamás y, si me ponía de puntillas, le llegaba por el hombro. Nos juntó el tercer curso en el selecto English Institute de Bilbao. Mi cuota la pagaba el filántropo director; la suya, su familia, que era de posibles. Un día, mientras mi cerebro naufragaba una vez más en el mar de los phrasal verbs, Inma -así se llamaba- alargó su mano y me quitó aquel libro de tapas rojas que contaba la historia del pardillo Arthur, su pretendida Mary y un chulo con pintas que atendía por Bruce. Cinco minutos después me lo devolvió, abierto por la primera página, que ya no estaba en blanco. Con su delicada letra de colegio de monjas había escrito: "Si alguna vez adviertes que a los ojos te miro, y una veta de amor descubres en los míos, no pienses que deliro. Piensa, simplemente, que puedes contar conmigo. Pero, hagamos un trato. Yo también quiero contar contigo. Es tan lindo saber que existes... Una se siente viva. Y no digo contar hasta dos o hasta tres para que acudas presuroso en mi auxilio, sino para que sepas, simplemente, que puedes contar conmigo." Y debajo: "Mario Benedetti... poco más o menos". Mucho tiempo después descubriría que el texto de Hagamos un trato no era exactamente así, pero ya no sabía dónde encontrar a Inma para decírselo, porque las inundaciones del 83 se llevaron por delante nuestros pupitres y el nuevo curso nunca empezó.

Fue mi primer encuentro con Benedetti, aunque el definitivo fue el segundo, esta vez en el instituto de Erandio. En el papel de intermediaria, de nuevo una chica cuyo nombre también empezaba por I (luego han venido más Íes decisivas a mi vida). Un día me trajo La tregua en la sencilla pero elegante edición de Cátedra y me dijo: "Va sobre un amor improbable o sobre uno imposible. Pero es probable y posible. Yo creo que te va a gustar. Si te gusta, es que te gusto yo". Y claro, me gustó. Desde entonces, Mario Benedetti me ha acompañado por todos los caminos sin retorno de mi vida. Y aunque hoy me haya despertado la noticia de su muerte, no pienso darme por enterando: seguirá estando a mi lado.

Como jamás llegué a entrevistarlo (nunca podía, siempre había algo que lo impedía), el sonido que comparto con vosotros es un fragmento de una de mis películas favoritas, El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela. Primero escuchamos Táctica y estrategia en las bocas de Darío Grandinetti y Sandra Ballesteros... y luego aparece Mario en persona, ¡recitando en alemán!

Escucha a Mario Benedetti en El lado oscuro del corazón:





4 comentarios:

Moli dijo...

Que cosa la vida...me paro ante el misterio, me pierdo en el sentido profundo que esconde y que sólo se ve con el corazón. Te miro a los ojos y de nuevo, única, pocas, quien sabe desde cuando estuvo ahí, entre gestos que saltan por que si de uno a otro, acompañando, se asoma la luz regalada de esta mágica amistad de estrella. Abrazo el poema, el instante y, ya sabes, de nuevo, sin palabras.
Y es que la vida, ¡qué pequeñas cosas tiene, que valen tanto la pena!...Recorren el mundo, nos saludan con un guiño y se alejan; y yo, contigo y con otros, amigos, buena gente, poetas, no me quiero perder por nada su camino de vuelta casa, seguir uno a uno sus pasos, humana y sin brillos, pequeñísima estela. Gracias.

Anónimo dijo...

Benedetti nunca morirá.

javi dijo...

Es la vida que llega,
La vida que busca,
La vida que encuentra,
Y así nace el cantor,
Que a la muerte espera
Cantándola al corazón.

En tu soledad
En tu tormenta
Tu pensamiento es poema
Explica tu inspiración
Ese verso a la belleza

Es la vida al caminar
La vida que se aleja
La vida que se va
Y así nace el dolor
Al oír hablar a la muerte
Tan cerca del corazón.

eldelantalverde dijo...

digno de escuchar,
y de ver:
http://www.youtube.com/watch?v=xbUOi77ig8E